Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Sepa usted que he presentido todo esto. Tengo este don. Todos mis presentimientos se cumplen. ¡Cuántas veces he observado a ese hombre temible pensando: «Terminará por matarme»! Y al fin se han cumplido mis temores. Y si no me ha matado todavÃa comb a su padre ha sido porque Dios se ha dignado protegerme. Además, la vergüenza lo ha frenado, pues yo le habÃa colgado del cuello, aquà mismo, una medalla que pertenece a las reliquias de Santa Bárbara mártir... ¡Qué cerca estuve entonces de la muerte! Me acerqué a él para que me ofreciera su cuello. Mire usted, Piotr Ilitch (ha dicho usted que se llama asÃ,
¿verdad?), yo no creo en los milagros; pero esa imagen..., ese prodigio evidente en mi favor, me ha impesionado y me inclina a renunciar a mi incredulidad... ¿Ha oÃdo hablar del starets Zósimo?... ¡Ay, no sé dónde tengo la cabeza! Ese mal hombre me ha escupido aun llevando la medalla pendiente del cuello... Pero sólo me ha escupido, no me ha matado. Y luego ha echado a correr. ¿Qué hacemos?
DÃgame: ¿qué hacemos?
Piotr Ilitch se levantó y dijo que iba a contárselo todo al ispravnik para que éste procediera como creyese conveniente.