Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Al cuarto día, al igual que cuando fui a que me cambiaran los grilletes, los presos formaron en dos filas por la mañana temprano, en la plazoleta que estaba delante del cuerpo de guardia, junto al portalón. Por delante, de cara a ellos, y por detrás de los presos, se alinearon los soldados con los fusiles cargados y las bayonetas caladas. El soldado tiene derecho a disparar sobre un preso si éste piensa huir; pero, al mismo tiempo, responde de su disparo si no lo ha hecho en caso de extrema necesidad; lo mismo sucede en caso de declararse un motín. Pero ¿quién iba a pensar en huir abiertamente? Se presentaron el oficial de ingenieros, el jefe de obras y, además, los suboficiales de ingenieros y los soldados encargados de supervisar los trabajos.