Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Todos los que rodeaban a Skurátov rompieron a reÃr.
—Luego volvà a trabajar, pero ya aquà —continuó Skurátov con extraordinaria sangre frÃa—. Le puse unas punteras al teniente Stepán Fiódorich Pomórtsev.
—¿Y quedó contento?
—No, hermanos, no quedó contento, me maldijo para mil años y me dio un puntapié en el trasero. ¡Cómo se enfadó! ¡Qué engaño de vida, mi vida de preso!
Poco después el marido
de Akulina salió al patio…
Inopinadamente volvió a cantar y se puso a bailar de puntillas, tocándose los talones.
—¡Vaya desastre de persona! —gruñó el pequeño ruso que iba a mi lado, lanzándole una maliciosa mirada de través.
—¡Qué inútil! —sentenció otro en tono serio y concluyente.