Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El joven que vendía rosquillas en el penal le compró dos docenas y se puso a discutir animadamente con ella para que le diese tres rosquillas de comisión y no dos, como se hacía habitualmente. Pero la vendedora no cedía.

—¿Bueno, no me das una más?

—¿Cuál?

—La que no se comen los ratones.

—¡Mala víbora te pique! —chilló la muchacha, echándose a reír.

Finalmente se presentó, con una vara, el suboficial responsable de los trabajos.

—Eh, vosotros, ¿qué hacéis sentados? ¡A empezar!

—Díganos las tareas, Iván Matvéich —exclamó uno de los «cabecillas», incorporándose lentamente.

—¿Por qué no lo pedisteis antes de salir? Desmontad la barcaza, ésa es la tarea.

Por fin se fueron levantando y bajaron hacia el río, arrastrando a duras penas los pies. Inmediatamente surgieron del grupo los «encargados», aunque sólo lo fuesen de palabra. Resultó que la barcaza no se podía desguazar de cualquier manera, sino conservando en la medida de lo posible los tablones y, sobre todo, los travesaños, sujetos con grandes cuñas de madera al fondo: un trabajo largo y fastidioso.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker