Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —Es el más decidido y el más desalmado de todos los presos —me dijo M.—. Es capaz de todo; no se para ante nada si tiene algún capricho. Le degollarÃa a usted si se le antojara, asÃ, sin más, le degollarÃa sin pestañear y sin arrepentirse. Hasta pienso que no está bien de la cabeza.
Aquel juicio me interesó sobremanera. Pero M. no pudo explicarme por qué tenÃa esa impresión. Y, cosa extraña, algunos años más tarde llegué a conocer bien a Petrov y a hablar con él casi a diario. Y aunque todo el tiempo me mostró sincero apego (aun cuando ignoro por qué), y aunque en todos esos años de presidio se comportó juiciosamente y no hizo nada horrible, cada vez que le miraba y hablaba con él yo me persuadÃa de que M. tenÃa razón y de que Petrov era, tal vez, el hombre más decidido y desalmado, y que no reconocÃa sobre sà ninguna autoridad. Pero tampoco puedo explicar por qué tenÃa yo esa impresión.