Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Sin duda, también hay en el penal presos que no se someten tan pronto. Aún conservan cierta arrogancia, cierta bravura: «Cuidado, no soy como pensáis; ya me he llevado a seis por delante». Pero, sin embargo, acaba sometiéndose. A veces se desahoga recordando sus audacias, las peleas que tuvo antes, cuando estaba «desesperado», y, si encuentra a un simplón, le gusta mucho darse importancia delante de él y presumir, y contarle sus andanzas, sin mostrar abiertamente las ganas que tiene de contarlas. «¡Mira qué hombre he sido!»
¡Con qué refinamiento observan esta vana precaución y qué descuidado resulta a veces semejante relato! ¡Qué estudiada fatuidad hay en el tono, en cada expresión del narrador! ¿Dónde ha aprendido el pueblo eso?