Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

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Cuando llegamos a casa, le invité a tomar el té. Nunca lo rechazaba; lo tomó y me dio las gracias. Se me ocurrió entonces la idea de procurarme una kosushka[49] de vodka y regalársela. Petrov se puso muy contento, se bebió el vodka, carraspeó y, tras decirme que yo le había resucitado, se dirigió aprisa a la cocina, como si allí hubiese algún asunto que no pudiesen resolver sin él. En su lugar se me apareció otro interlocutor, Baklushin, «el Zapador», a quien también había invitado en los baños a venir a tomar el té conmigo.













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