Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Los presos oyeron cómo gritaba una noche en sueños: «¡Agárralo, agárralo! ¡Córtale la cabeza, la cabeza!…».
Casi todos los presos hablaban por las noches y deliraban. Los insultos, las palabras del hampa, las navajas y las hachas eran lo que con más frecuencia acudía a su lengua en sus delirios. «Somos gente deshecha —decían—, estamos destrozados por dentro, y por eso gritamos por las noches».