Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

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Y así sucesivamente. Sólo que entre nosotros no se decía «capital», sino «copital», como si la palabra derivara de «acopiar[55]»; también había canciones melancólicas. Cantaban una, de presos, que era también muy conocida:

Deapunta ya la luz del cielo,

el tambor al alba redobla,

la vieja puerta se abre

y el escriba ya nos llama.

Nadie ve tras los muros

cómo vivimos aquí;

pero, Dios, creador del cielo, nos ama,

y aquí no nos dejará morir.

Había otra canción más melancólica aún, con una bella melodía, compuesta, seguramente, por algún deportado, con palabras dulces y populares. De ella sólo recuerdo ahora algunos versos:

No verán mis ojos

la tierra en que nací;

sin culpa he de sufrir

esta eterna condena.

En el tejado chillará la lechuza

y volará por el bosque.

Calla mi corazón de pena

por no estar allí.


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