Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Esta canción se cantaba allí a menudo, aunque no a coro, sino en solitario. Alguien, a veces, en los ratos libres, salía al porche del barracón, se sentaba, abstraído, con la cabeza apoyada en una mano, y empezaba a entonarla con una voz aguda, en falsete. Al oírla, el alma parecía desgarrarse. En el penal había buenas voces.