Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta El tabernero, mostrando cierto respeto por el que invita y con algunos visos de desprecio por el amigo expansivo, que bebe por cuenta ajena, va a buscar el vodka y le sirve un vaso.
—Mira, Stiopka, te toca a ti pagar —dice el amigo expansivo, al ver que se ha salido con la suya—, que me lo debes.
—¡No pienso perder el tiempo hablando contigo! —responde Stiopka.
—No digas tonterÃas, Stiopka —insiste el primero, cogiendo el vaso que le tiende el tabernero—, tú a mà me debes dinero; no tienes conciencia; por no ser, ni tus ojos son tuyos, que te los han prestado. Eres un canalla, Stiopka, ¡un canalla, ésa es la palabra!
—Pero, hombre, estate quieto de una vez, que has derramado el vodka. Te han invitado con todos los honores, ¡asà que a beber! —le grita el tabernero al amigo expansivo—. No vamos a estar aquà pendientes de ti hasta mañana.