Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Entonces, con ese motivo, ¿no tendría usted la bondad de ofrecerme un trago? Es que, mire, Alexánder Petróvich, en todo el día no he bebido más que té —añadió conmovido, tomando el dinero—, y me ha sentado mal tanto té: me han entrado sofocos y se me revuelve en el estómago como en una botella…

Mientras él cogía el dinero, la desazón moral de Bulkin parecía alcanzar su punto más alto. Gesticulaba como un desesperado, al borde del llanto.

—¡Hombres de Dios! —gritaba, dirigiéndose en su exaltación a todo el barracón—. ¡Fijaos en él! ¡No hace más que mentir! Diga lo que diga, ¡no es más que mentira, mentira y mentira!

—Pero ¿a ti qué más te da? —le gritan los demás reclusos, asombrados de su furia—. ¡No hay quien te entienda!

—¡No consiento que mienta! —grita Bulkin, echando chispas por los ojos y aporreando los camastros con todas sus fuerzas—. ¡No quiero que mienta!

Todo el mundo se ríe. Varlámov coge el dinero, se despide de mí y, gesticulando, sale a toda prisa del barracón, en busca del tabernero, por descontado. Y es en este instante cuando parece reparar en Bulkin por primera vez.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker