Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En cualquier caso, el suboficial responsable no se opuso a los presos, y éstos no necesitaban otra cosa. Puedo decir rotundamente que el teatro, y la gratitud por haberlo autorizado, fueron el motivo de que durante las fiestas no se diera ni un solo incidente serio: ni hubo reyertas graves, ni hubo robos. Yo personalmente fui testigo de cómo los propios reclusos hacían entrar en razón a algunos de los juerguistas o de los camorristas, sencillamente con el argumento de que podían prohibir el teatro. El suboficial pidió a los reclusos su palabra de que todo se desarrollaría con tranquilidad y se portarían bien. Ellos accedieron complacidos y cumplieron religiosamente su promesa; además, les halagó mucho que se fiaran de su palabra. Hay que decir, por otra parte, que a los jefes no les supuso el menor sacrificio autorizar la representación teatral. No había que acotar de antemano ningún espacio: el teatro se montaba y se desmontaba por completo en cosa de un cuarto de hora. La función duraba hora y media y, si de pronto llegaba de arriba la orden de interrumpirla, en un instante podía quedar todo recogido. Los trajes estaban ocultos en los baúles de los presos. Pero, antes de explicar cómo fue montado el teatro y cómo era exactamente el vestuario, haré referencia al cartel, esto es, al contenido preciso de la función que pretendían dar.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker