Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta El verdugo causa repugnancia en la sociedad, pero no ocurre lo mismo, ni mucho menos, con el verdugo-caballero. En tiempos recientes ha encontrado alguna oposición, pero de momento ésta tan sólo se ha expuesto en los libros, de forma abstracta. Ni siquiera quienes se manifiestan en contra han sido capaces de sofocar en su interior ese deseo de poder absoluto. De hecho, cualquier fabricante, cualquier empresario, experimenta sin duda un excitante sentimiento de satisfacción al saber que a veces un trabajador depende, junto con toda su familia, única y exclusivamente de él. Probablemente la cosa sea así: una nueva generación no se desprende fácilmente de todo lo que ha recibido en herencia; tampoco renuncia fácilmente un hombre a todo lo que le ha llegado por medio de la sangre, lo que le ha sido transmitido, por así decir, con la leche materna. No son frecuentes las revoluciones tan repentinas. Reconocer la culpa y el pecado de la especie es poca cosa, muy poca cosa; es necesario desprenderse de él por entero. Y eso no se consigue en poco tiempo.