Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —¿Y para qué iba a escribir? Empecé a arrastrar la pluma, venga a arrastrarla por el papel, hasta que el otro se cansó. Luego, claro, me soltó unos diez guantazos, y me dejó marchar, a prisión, se entiende.
—¿Y de verdad sabes escribir?
—Antes sabía, pero desde que empezaron a escribir con pluma, la verdad es que he perdido la costumbre…