Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —Espera un poco. Yo por entonces habÃa enterrado a mi padre, y mi madre se dedicaba a hacer rosquillas; trabajábamos para Ankudim, y de eso vivÃamos. No nos iba nada bien. Bueno, también tenÃamos una alquerÃa, pasado el bosque, donde se sembraba trigo, pero más tarde, faltando ya mi padre, lo vendimos todo, porque yo también me di a la buena vida, amigo. A mi madre le sacaba el dinero a base de palizas…
—Palizas, eso no está nada bien. Es un pecado tremendo.