Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿A mí? ¿Y por qué no? No éramos precisamente gente sin honra. Mi padre tan sólo al final de su vida, por culpa de un incendio, se había arruinado; si no, aún seríamos más ricos que ellos. Ankudim me dijo: «Vosotros no tenéis donde caeros muertos». Le respondí: «Y vuestra puerta, según dicen, está bien embadurnada de alquitrán». Y él: «¡Así que te pones gallito con nosotros! Demuestra entonces que ella ha perdido su honra; aunque las bocas chismosas no hay quien las tape. Ya sabes dónde está la puerta, no te cases. Pero eso sí: el dinero que te han dado, devuélvelo». Entonces decidí hacer lo siguiente con Filka: por medio de Mitri Bykov mandé decirle que iba a avergonzarle delante de todo el mundo, y hasta el día de la boda, amigo mío, estuve borracho todo el tiempo. No volví a estar sobrio hasta que llegó el momento de la ceremonia. Cuando nos trajeron de la iglesia, nos sentamos y el tío Mitrofán Stepánich va y dice: «Aunque no haya sido muy honroso, es igual de válido, y lo hecho hecho está». Y el viejo, Ankudim, también estaba bebido, y se puso a llorar; estaba sentado y las lágrimas le corrían por la barba. En cuanto a mí, amigo, mira lo que hice: llevaba un látigo encima, en un bolsillo; me lo había guardado antes de la boda con la intención de recrearme con Akulka, para que supiera qué es eso de casarse sin honra, y también para que la gente viera que yo no estaba haciendo el bobo al casarme.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker