Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

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—Sí, pero atiende. El día siguiente a la boda, aunque estaba beodo, me alejé en cuanto pude de los invitados; me escapé como si tal cosa y salí corriendo. Iba diciendo: «¡Traedme aquí a ese holgazán de Filka Morózov, traedme a ese miserable!». Lo fui gritando por todo el mercado. Estaba borracho como una cuba; de manera que cerca de la casa de los Vlásov me tuvieron que agarrar entre tres individuos y llevarme a casa a la fuerza. Mientras tanto, en la ciudad ya circulaban los rumores. Las muchachas comentaban en el mercado: «¡Eh, chicas!, vosotras que sois tan listas, ¿sabéis una cosa? Resulta que Akulka era inocente». A los pocos días, va Filka y me dice en público: «Véndeme a tu mujer, y tendrás todo el dinero que quieras para beber. Uno de aquí, el soldado Yashka, se casó justamente por eso: no dormía con su mujer, pero se tiró tres años borracho». Le dije: «¡Eres un canalla!». «Y tú un idiota. Porque a ti te casaron estando beodo. Después de eso, ¿cómo podías darte tú cuenta de nada?» Al llegar a casa grité: «¡Me casasteis borracho!». Mi madre no consiguió sujetarme; le dije: «Te han tapado los oídos con oro, madre. ¡Tráeme a Akulka!». Y empecé a sacudirla. Venga y venga a sacudirla, durante dos horas la sacudí, hasta que ya no pude más de cansancio; ella se pasó tres semanas en la cama sin levantarse.



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