Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —A pegarla, ¿para qué? Es más fácil atar las manos que la lengua. Tampoco conviene pegar en exceso. Hay que corregir, enseñar, pero sin olvidar las caricias. Para eso están hechas las mujeres.
Shishkov guardó silencio durante un rato.