Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los dos se devoraban con los ojos. El gordinflón esperaba la respuesta y apretaba los puños, como si fuera a golpearle. Yo, a decir verdad, pensé que habría una reyerta. Para mí todo eso era nuevo, y lo contemplaba con curiosidad. Más adelante supe que tales escenas eran del todo inocentes y se representaban, como en una comedia, para regocijo general: rara vez llegaban a las manos. Todo ello era bastante característico y representativo de las costumbres del penal.

El preso alto estaba tranquilo y con aire majestuoso. Sentía que todos le miraban y esperaban a ver si se cubría o no de vergüenza con su respuesta; tenía que mantener el tipo y demostrar que él, efectivamente, era un pájaro y concretar de qué tipo.

Con inexpresable desdén miró de reojo a su adversario, procurando, para mayor ofensa, hacerlo como por encima del hombro, de arriba abajo, como si mirase a un bicho, y despacio y claro pronunció:

—¡Un señor!

Lo cual quería decir que era un señor pájaro. Una sonora carcajada premió la ocurrencia del preso.

—¡Tú eres un tunante, y no un señor! —replicó el gordo, sintiéndose batido en todos los puntos, muerto de rabia.

Y cuando la discusión empezó a ponerse seria, los demás les calmaron.

—¡Vaya jaleo! —les gritó todo el barracón.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker