Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —Por mucho que frotes, un caballo negro no se vuelve blanco. Ni que fuera su primera borrachera.
—No, y serÃa una desgracia si tampoco el general hiciera nada. ¡Ya está bien de reÃrles las gracias! —decÃan preocupados los reclusos, hablando entre ellos.
Las noticias sobre el inspector se extienden por todo el penal en un santiamén. Los que deambulan por el patio se van pasando con impaciencia la información. Otros mantienen la boca cerrada a propósito, conservando su sangre frÃa, para darse de ese modo mayor importancia. Un tercer grupo se muestra indiferente. En los porches de los barracones se arrellanan algunos presos con sus balalaikas. Otros siguen con su cháchara. También los hay que se ponen a entonar canciones, pero en general esta tarde hay mucha excitación en el ambiente.