Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta No conozco la razón, pero los Lómov no despertaban simpatías en la prisión. Uno de ellos, el sobrino, era un joven inteligente, muy tratable; pero su tío, el que había herido con la lezna a Gavrilka, era un mujik estúpido y pendenciero. Antes de este incidente, ya se había peleado con muchos presos, y se había llevado lo suyo. Todos apreciaban a Gavrilka por su carácter alegre y su buen conformar. Aunque los Lómov sabían que era un criminal y que ellos estaban en prisión por su culpa, nunca se habían peleado con él; la verdad es que nunca coincidían, y Gavrilka tampoco les prestaba la menor atención. Y de improviso se produjo su discusión con Lómov tío por culpa de una moza totalmente repulsiva. Gavrilka empezó a presumir de que gozaba de sus favores; el mujik se puso celoso y un buen día le hirió con la lezna.
A pesar de haberse arruinado durante el proceso, los Lómov vivían en el penal como ricachones. Estaba claro que tenían dinero. Tenían su propio samovar y tomaban té. Nuestro mayor estaba enterado y odiaba a ambos Lómov con toda su alma. A nadie se le escapaba que intentaba crearles dificultades y que en general la tenía tomada con ellos. Los Lómov achacaban la actitud del mayor a su deseo de sacarles el dinero. Pero ellos no estaban dispuestos a contribuir.