Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta No; más importante que esto es el hecho de que todo recién llegado, a las dos horas de su ingreso en el penal, se convierte en alguien igual a los demás, instalado en su hogar, miembro de pleno derecho de la comunidad del penal, igual que cualquier otro. Todos le entienden, y él entiende a todos; a todos les resulta conocido, y todos le consideran uno de los suyos. No ocurre lo mismo con un noble, con un señor. Por muy justo, bueno o inteligente que sea, durante años le odiarán y le despreciarán, todos en bloque; no le comprenden y, lo que es más importante, no confÃan en él. No es un amigo ni un camarada, y aunque consiga finalmente, con el paso de los años, que no le ultrajen, de todos modos nunca será uno de ellos: eternamente, dolorosamente, tendrá conciencia de su aislamiento y de su soledad. Este aislamiento se establece a veces sin ninguna mala intención por parte de los reclusos, surge inconscientemente. No es uno de los suyos, eso es todo. No hay nada más terrible que vivir fuera del propio ambiente. Un mujikque se traslade desde Taganrog al puerto de Petropavlosk[88] encontrará aquà de inmediato a otro mujik ruso como él, juntos podrán ponerse de acuerdo y entenderse, y a las dos horas es muy posible que estén conviviendo en perfecta armonÃa en la misma isba o en la misma cabaña. No pasa lo mismo con los nobles. Estos están separados del pueblo llano por un profundÃsimo abismo, el cual no se advierte en todas sus dimensiones hasta que el noble, de pronto, a causa de circunstancias externas, se ve real y efectivamente privado de sus antiguos derechos y se convierte en un hombre del pueblo. De nada sirve frecuentar a la gente del pueblo toda la vida, encontrarse con ella todos los dÃas a lo largo de cuarenta años seguidos, en virtud del cargo, por ejemplo, de un modo convencional, administrativo; o incluso a través de una relación amigable, como un benefactor y en cierto sentido como un padre: nunca se llega al verdadero fondo de las cosas. No pasará de ser una ilusión óptica, y nada más. Yo sé muy bien que todos, absolutamente todos, al leer esta observación dirán que estoy exagerando. Pero estoy convencido de que es verdad. No he llegado a esta convicción a través de los libros, de la especulación teórica, sino en la vida real, y he tenido tiempo más que suficiente para poder comprobarla. Tal vez, más adelante todos acabarán por reconocer hasta qué punto esto es cierto…