Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —Con un trabajo tan duro, y nosotros comiendo tripas —refunfuñaba alguno en la cocina.
—Si no te gusta, pide manjar blanco[89] –seguÃa otro.
—Schi con tripas, hermanos, me encanta —añade un tercero—, está riquÃsimo.
—Y si no hay más que tripas un dÃa y otro dÃa, ¿también eso te gusta?
—Lo que está claro es que ya va siendo hora de que nos den carne —dice un cuarto—; nosotros en la fábrica ésa nos matamos a trabajar y después de la faena lo que te apetece es zampar de verdad. ¡Y mira lo que te dan: tripas!
—Y si no le ponen tripas, le pondrán corazón[90].
—Nosotros sà que tenemos que hacer de tripas corazón para aguantarlo. Tripas, corazón: siempre están con la misma canción. ¡Menuda comida! ¿Hay derecho a esto?
—SÃ, el forraje es malo.
—Seguro que él se llena los bolsillos.
—Eso no es asunto tuyo.
—¿De quién si no? Mi barriga sà que es asunto mÃo. TendrÃamos que plantear una reclamación todos unidos, y ya se verÃa.
—¿Una reclamación?
—SÃ.