Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —O sea, lo de siempre: siembra la discordia en el pueblo, Señor, y alimenta a los gobernantes.
—Eso mismo. El Ocho-ojos sà que ha engordado. Se ha comprado una pareja de caballos grises.
—Pues anda que no le gusta beber.
—El otro dÃa, jugando a las cartas con el veterinario, acabaron peleándose.
—Toda la noche estuvieron jugando. Tuvo a nuestro mayor en un puño durante dos horas. Eso dice Fedka.
—Y por eso le ponen corazón al schi.
—¡Mira que sois estúpidos! Nosotros no estamos en situación de protestar.
—Pero si vamos todos, ya veremos qué clase de explicación nos da. ¡Hay que mantenerse firmes!
—¡Una explicación! En los Ãdolos[91], ahà es donde te va dar, y sanseacabó.
—Y luego un consejo de guerra.