Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —Sin embargo —empecé, dirigiéndome indeciso a M…cki—, excepto éstos, casi todos se han sumado.
—¿Y a nosotros qué nos importa? —gruñó B…ski.
—Nosotros correrÃamos un riesgo cien veces mayor si fuéramos a protestar; ¿y para qué? Je haïs ces brigands[94]. ¿De verdad han pensado ustedes, por un instante, que la reclamación saldrá adelante? ¿Qué necesidad hay de inmiscuirse en sus necedades?
—Esto no va a dar ningún resultado —continuó un presidiario, un viejo testarudo y enrabietado. Almázov, que estaba allÃ, se apresuró a secundarle:
—Aparte de que azoten a medio centenar, ningún resultado.
—¡Ha llegado el mayor! —gritó alguien, y todos se lanzaron ansiosos hacia las ventanas.