Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —¡A ver, amigo, róete ese hueso! —decía uno.
—¡Hay que estar a las duras y a las maduras! —añade otro.
—¿Quién le pone el cascabel al gato? —señala un tercero.
—A los nuestros, ya se sabe, jarabe de palo. Y menos mal que no nos han hecho azotar a todos.
—Y tú, en adelante, procura que no se te vaya la fuerza por la boca, ¡te irá mejor! —dice alguien con irritación.
—¿Me intentas dar una lección, sabiondo?
—Claro que sí.
—¿Y tú de dónde has salido?
—Pues, por ahora, todavía soy un hombre, ¿y tú?
—El residuo de un perro, eso es lo que eres.
—Eso lo serás tú.
—¡Bueno, bueno, ya está bien! ¡Ya habéis armado suficiente jaleo! —les gritan de todas partes a los que están discutiendo.