Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —Que les quiten todo. Que les dejen solamente la ropa interior, si es blanca; si traen alguna prenda de color, que se la quiten también. Todo lo demás, que se subaste. El dinero, que lo anoten en el registro. Un recluso no tiene pertenencias —continuó, mirándonos con severidad—. ¡Tened cuidado y portaos bien! ¡Que no tenga que oÃr hablar de vosotros! Si no… ¡el castigo cor-po-ral! A la menor falta, ¡las vaaaras!
Toda aquella tarde, por la falta de costumbre, estuve medio enfermo tras semejante acogida. Además, lo que veÃa en el penal reforzaba mi impresión; pero ya he contado cómo fue mi ingreso.