Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —Veamos, M…cki, ¿qué has soñado esta noche? —le preguntó.
«Me dio un vuelco el corazón —nos contó más tarde M…cki, al volver a nuestro lado—. Como si me lo hubieran atravesado».
—Soñé que recibÃa una carta de mi madre —respondió.
—¡Mejor, mejor! —replicó el comandante—. ¡Eres libre! Tu madre ha pedido clemencia… y han atendido sus súplicas. Aquà tienes su carta, y aquà está la orden que te concierne. Ahora mismo vas a salir del presidio.
Al volver, estaba pálido, todavÃa no se habÃa repuesto de la noticia. Le felicitamos. Nos dimos la mano: las suyas estaban heladas y temblorosas. Muchos otros reclusos le felicitaban y se alegraban de su suerte.
Salió como colono, y se quedó en nuestra misma ciudad. Muy pronto le asignaron un destino. Al principio venÃa a vernos con frecuencia y, cuando podÃa, nos informaba de diversas cuestiones. Sobre todo le interesaban las noticias de polÃtica.