Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta De los otros cuatro, es decir, aparte de M…cki, T…wski, B…ski y Z…ski, dos eran aún muy jóvenes y tenían una condena corta; su formación era escasa, pero eran honrados, sencillos y abiertos. El tercero, A…czukowski, era un tanto simplón y no tenía nada especial que ofrecer, pero el cuarto, B…m, una persona ya entrada en años, nos causó a todos una pésima impresión. No sé cómo había llegado a formar parte de aquella categoría de condenados, cosa que él mismo rechazaba. Era un alma grosera, llena de mezquindad pequeño burguesa, con hábitos y principios propios de un tendero enriquecido a base de escamotear las vueltas a los clientes. No tenía ninguna clase de formación y no se interesaba por nada que no fuera su propio oficio. Era pintor de brocha gorda, aunque un pintor magnífico, fuera de lo común. Pronto los jefes se enteraron de su talento, y toda la ciudad empezó a reclamar a B…m para que les pintara paredes y techos. En dos años repintó casi todas las viviendas oficiales. Como los ocupantes de estas viviendas le pagaban cada uno por su cuenta, él no vivía nada mal. Pero lo mejor fue que empezaron a mandar a otros camaradas con él para ayudarle en su trabajo. De los tres que le acompañaban asiduamente, dos aprendieron el oficio con él, y uno de ellos, T…wski, llegó a hacerlo igual de bien. Nuestro mayor, que también ocupaba una vivienda oficial, llamó a B…m cuando tuvo ocasión y le ordenó que le pintara todas las paredes y techos. B…m se esmeró especialmente con él: ni la casa del gobernador general la había pintado así de bien. La casa del mayor era de madera, de una sola planta, bastante decrépita y totalmente carcomida por fuera: en cambio, después de pintarlo, el interior quedó como un palacio, y el mayor estaba entusiasmado… Se frotaba las manos y no paraba de decir que se casaría sin falta. «Con una casa como ésta no es posible seguir soltero», añadía muy serio. Cada vez estaba más contento con B…m, así como con los que le ayudaban en el trabajo. La faena duró un mes entero. En este tiempo el mayor cambió radicalmente de opinión sobre todos nosotros, y empezó a protegernos. La cosa llegó a tal punto, que un día mandó llamar de improviso a Z…ski.