Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Eran casi las nueve cuando se presentó ante el sargento primero y le comunicó lo que pasaba. Éste se acobardó y al principio no quería ni creerlo. Por supuesto, Shilkin le había presentado todo esto como una mera conjetura, como una sospecha. El sargento primero se marchó a toda prisa a ver al mayor. El mayor se dirigió sin dilación al comandante. Un cuarto de hora más tarde ya se habían adoptado todas las medidas precisas. Informaron al mismísimo gobernador general. Los criminales eran importantes, y por su culpa podrían recibir una fuerte reprimenda de Petersburgo. Con o sin razón, A…v se contaba entre los condenados por delitos políticos; Kulikov era de la sección especial, es decir, era un archicriminal, y militar por añadidura. Hasta entonces no se conocía ningún caso de alguien de la sección especial que se hubiera evadido. A propósito de esto, se recordó que, según el reglamento, cada recluso de la sección especial debía estar custodiado en el trabajo por dos soldados de escolta o, como mínimo, por uno para él solo. Esta norma no se había observado. Por tanto, se trataba de un asunto desagradable. Se enviaron correos urgentes a todos los distritos, a todas las localidades de la zona, para dar noticia de los evadidos y hacer llegar a todas partes su descripción. Mandaron cosacos en su búsqueda, para capturarles; también enviaron mensajes a los departamentos y provincias vecinas… En resumidas cuentas, estaban muertos de miedo.