Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Pero a los presos les traÃa sin cuidado. Todos exhibÃan una desenvoltura extraordinaria, y, como suele ocurrir en estos casos, se comportaron con absoluta corrección durante toda aquella tarde: «No hay que darles ningún pretexto». Por supuesto, los superiores pensaban: «¿No habrá quedado en la prisión algún cómplice de los fugados?». Y ordenaron vigilar de cerca y escuchar atentamente a los reclusos. Pero éstos no hacÃan más que reÃrse. «¡Ni que en este tipo de asuntos fuera uno dejando cómplices detrás!» «Estas cosas se hacen sin que nadie se entere, es la única manera». «Pues menudos son Kulikov y A…v, como para ir dejando huellas. Lo han hecho de forma magistral, con todo secreto. Esta gente ha salido de muchas dificultades; también sabrá salir de esta prisión». En resumen, la fama de Kulikov y A…v aumentaba; todos estaban orgullosos de ellos. SentÃan que su hazaña llegarÃa hasta la más lejana descendencia de los presidiarios, que sobrevivirÃa a la prisión.
—¡Unos maestros! —decÃan unos.
—Mira que pensaban que de aquà no se escaparÃa nadie. ¡Pues ya se han escapado! —añadÃan otros.
—¡Se han escapado! —intervino un tercero, mirando alrededor con cierto aire autoritario—. Pero ¿quiénes son los que se han escapado?… ¿Acaso tú estás a su altura?