Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —¡Estás mintiendo! —grita Skurátov—, ha sido Mikitka el que ha lanzado ese infundio contra mÃ, y ni siquiera contra mÃ, sino contra Vaska, y a mÃ, ya de paso, me han metido en el mismo saco. Yo soy de Moscú, y conozco el mundo de los vagabundos desde niño. Cuando me enseñaba a leer el sacristán, y me tiraba de la oreja para obligarme a repetir la plegaria que empieza: «Apiádate de mÃ, oh Dios, por tu inmensa misericordia…», yo decÃa, en cambio: «Me llevaron a la policÃa por tu culpa…»[104]. Asà empezó mi carrera, cuando no era más que un crÃo.