Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta No mentía. ¿Por qué si no le habrían mandado a la sección especial? Los crímenes ordinarios son castigados con penas mucho menos severas. Por lo demás, Sirotkin era, de todos sus camaradas, el único con tan buena presencia. En cuanto a los demás de su clase, unos quince en todo el presidio, incluso causaba extrañeza mirarles: sólo dos o tres no estaban mal del todo; los otros eran orejudos, deformes y sucios; algunos, hasta canosos. Si las circunstancias lo permiten, hablaré en otra ocasión con más detalle de ese grupo. Sirotkin solía ser amigo de Gazin, a propósito del cual empecé este capítulo, recordando cómo entró borracho en la cocina y que eso había enturbiado mis primeras ideas acerca de la vida en el presidio.