Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Se volvió hacia sus hermanos, los cuales escuchaban nuestra conversación, y con ardor empezó a decirles algo. Largo rato hablaron seriamente entre sí, asintiendo con la cabeza. Luego, con sonrisa grave y condescendiente, es decir, con una sonrisa puramente musulmana (que tanto me gusta, sobre todo, por su gravedad), se dirigieron a mí y confirmaron que Isa era un profeta de Dios y que había hecho grandes milagros; que una vez hizo un pájaro de barro, sopló sobre él y el pájaro echó a volar… y que eso estaba escrito también en sus libros. Al decir eso, estaban totalmente convencidos de que me daban una gran alegría alabando a Isa, y Alí se sentía completamente feliz de que sus hermanos hubiesen decidido y quisieran darme esa alegría.