Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Los presos se burlaban de Sushílov, no porque se hubiese cambiado (aunque los que se cambiaban a un trabajo más duro merecían el reproche general, como todos los imbéciles que se dejan engañar), sino por haber sacado a cambio sólo una camisa roja y un rublo de plata: una miseria. Normalmente, se cambian por grandes sumas, aunque todo es relativo. Cobran hasta varias docenas de rublos. Pero Sushílov eran tan resignado, sumiso y mísero para todos que ni siquiera valía la pena burlarse de él.