Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo «Después, naturalmente, se acabará todo. Me quedaré sin empleo. Me detendrán, me juzgarán, me expulsarán del ministerio, me meterán en la cárcel, me enviarán a Siberia. Pero ¿qué importa? Quince años después, cuando me pongan en libertad, cuando sea un hombre destrozado, miserable, volveré a encontrar sus huellas. Lo hallaré en una capital de provincias cualquiera. Estará casado y será feliz. Tendrá una nieta… Le diré: "¡Mira, monstruo! ¡Mira mis pálidas mejillas y mis harapos! Lo he perdido todo: la felicidad, la carrera, el arte, la ciencia, la femme aimée… y todo por culpa tuya. Mira estas pistolas. He venido a descargar la mÃa y… a perdonarte". Entonces dispararé al aire y desapareceré sin dejar rastro.»
Incluso lloraba a lágrima viva, a pesar de que en aquel mismo momento me di cuenta de que todo esto era de Silvio, novela de Pushkin. Mascarada, drama de Lermontov. Y de pronto sentà una profunda vergüenza, una vergüenza tal, que dije al cochero que se detuviera, salà del trineo y permanecà unos instantes en medio de la calle, con los pies hundidos en la nieve.
El cochero me miraba asombrado, lanzando profundos suspiros.