Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo —Quiero… irme… para siempre… de allá abajo —empezó a decir ella, para poner fin a nuestro silencio.
¡Pobre! Precisamente era asà como no debÃa empezar en aquel momento saturado de estupidez y dirigiéndose a un hombre tan estúpido como yo. Sentà una lástima dolorosa por su franqueza inútil, por su temerosa incapacidad. Pero al punto surgió en mà algo que ahogó aquella compasión y que me excitó más todavÃa. ¡Que se hundiera el mundo entero! ¡Me era indiferente! Cinco minutos más de silencio.
—¿Le molesto? —preguntó Lisa tÃmidamente, con voz apenas perceptible. Y se dispuso a levantarse.
Apenas advertà esta manifestación de dignidad ofendida, temblé de furor y di rienda suelta a todo lo que gravitaba sobre mi corazón.
—¿Por qué has venido a verme? Di, ¿por qué? —empecé a decir con voz ahogada y sin cuidarme lo más mÃnimo de ordenar mis palabras lógicamente.
TenÃa la necesidad de decirlo todo a la vez, de golpe, sin ni siquiera pensar en cómo habÃa empezado.