Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Se había consagrado a mí con toda su alma. Empezó por amarme como a su propia hija, y en cuanto a mí, que lloraba aún la separación de Catalina, me abandoné en los brazos maternales de mi bienhechora. Luego mi amor ardiente hacia ella no se desmintió. Era para mí una madre, una hermana, una amiga; me reemplazaba a todo el mundo y fue el apoyo de mi juventud.
No tardé en darme cuenta también, por virtud de una especie de instinto, de que su suerte no era tan envidiable como podía creerse a primera vista, juzgando su vida sosegada y de apariencia tranquila, su libertad y la límpida sonrisa que emanaba a menudo de su semblante; a medida que me iba desarrollando, observaba algo nuevo en la vida de mi bienhechora, algo que mi corazón adivinaba lentamente, penosamente. Mi cariño hacia ella aumentaba y se fortificaba cada vez más, al mismo tiempo que adquiría la conciencia de la tristeza de su destino.