Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Tenía un carácter tímido y débil. Contemplando los rasgos claros y tranquilos de su rostro, no cabía suponer, a simple vista, que una turbación cualquiera pudiese alterar su ecuanimidad. No parecía que pudiera dejar de amar al prójimo: la piedad llenaba siempre su alma, a despecho de la aversión. Sin embargo, tenía pocos amigos y vivía en plena soledad. Era apasionada e impresionable por naturaleza; pero al mismo tiempo sentía miedo a sus impresiones, como si vigilara su corazón y no le permitiera expansionarse, ni aun durante el sueño. A veces, en las horas más serenas, veía de pronto asomar las lágrimas a sus ojos, como si algún triste recuerdo atormentara su conciencia y se inflamara súbitamente en su espíritu, recuerdo que velaba su alma y la turbaba. Y cuando parecía más dichosa, cuando más claro y tranquilo era el momento presente de su vida, más aguda era también su angustia, más amarga era su repentina tristeza, y las lágrimas, como en una crisis, se escapaban de sus ojos. No recuerdo, a lo largo de ocho años, un solo mes exento de semejante sufrimiento.
Su marido parecía amarla mucho. Ella le adoraba. Pero desde luego se recibía la impresión de que algo inexplicable existía entre ellos. Había en su vida un misterio, o al menos, así lo supuse desde los primeros días.