Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Ya iba a ceder; mas al primer momento, la idea de la cólera de mamá, la timidez, y sobre todo, una vergüenza instintiva por mà y por mi padre, me impidieron entregarle el dinero. Comprendió al instante esto, y me dijo acto seguido:
—No, no; no me hace falta, no me hace falta.
—No, papá, tómalo. Diré que lo he perdido, que los niños de la vecindad me lo han quitado.
—Bien, bien… Ya sabÃa yo que tú eres una niña inteligente —repuso sonriendo, temblándole los labios, y sin disimular su júbilo, cuando se encontró con el dinero en la mano—. Eres una buena muchacha… Eres un angelito… Ven, trae; besaré tu mano.