Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova —¡Vaya, tontina!… TodavÃa lloras cuando sueñas… Calla, calla…
Me besó y me dijo que me fuese a dormir a su cama; pero yo rehusé.
No me atrevÃa a besarla ni a irme con ella. Me atormentaban sufrimientos imaginarios. Deseaba contárselo todo. Iba a comenzar. Pero el recuerdo de mi padre y su prohibición me detuvieron.
—¡Mi pobrecita Niétochka! —exclamó mi madre metiéndome en el lecho y envolviéndome en su vieja manta, pues habÃa notado que temblaba de fiebre—. ¡Probablemente tendrás tan poca salud como yo!