Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Y me miró tan tristemente, que, no pudiendo soportar su mirada, cerré los ojos y me retiré. No recuerdo cómo me dormÃ; pero en mi leve sueño, por largo tiempo aún, oà que mi pobre madre me hablaba. Nunca habÃa experimentado un sufrimiento tan penoso. Mi corazón padecÃa hasta dolerme. Al dÃa siguiente por la mañana me encontré mejor; me puse a hablar con mi padre sin recordarle los acontecimientos de la vÃspera, pues adivinaba de antemano que le serÃa muy desagradable. Mi padre recobró desde luego su buen humor; sus cejas, fruncidas por la inquietud, se desarrugaron, y el júbilo —una satisfacción casi infantil— se iba apoderando de él ante la presencia de mi alegrÃa. A poco salió mamá, y mi padre, entonces, no pudo contenerse; empezó a besarme tan fuerte, que me volvÃa loca de entusiasmo; lloraba y reÃa a la vez. Por último, me dijo que me iba a enseñar una cosa que me gustarÃa mucho, porque yo era una muchachita lista y buena.