Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova —Música… —dije, mirando a mi padre.
—SÃ, sÃ, música —confirmó él, frotándose alegremente las manos—. Eres una niña lista. Eres una buena, chiquilla…
Pero, a pesar de sus alabanzas y su entusiasmo, noté cómo temÃa por su violÃn, y me asaltó el miedo a mi vez. Se lo devolvà lo antes posible. Con las mismas precauciones, el violÃn fue colocado de nuevo en su caja, y esta guardada bajo llave en el cofre. Luego, volviendo a acariciarme la cabeza, mi padre me prometió enseñarme aún el violÃn, siempre que, como entonces, fuese inteligente, buena y obediente. AsÃ, pues, el violÃn disipó nuestra común tristeza. Por la tarde, al salir, mi padre me dijo al oÃdo que no olvidara sus palabras anteriores.