Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Seguà creciendo en nuestro tugurio, y poco a poco, mi afecto, o más bien mi pasión —pues no conozco una palabra lo bastante enérgica para expresar con exactitud el sentimiento irresistible, pero penoso para mà misma, que experimentaba por mi padre— se convirtió en una especie de irritabilidad enfermiza. No tenÃa más que un único placer; pensar o soñar con él. No tenÃa más que una sola voluntad: hacer cuanto pudiera por proporcionarle alguna satisfacción. ¡Las veces que le esperé en la escalera tiritando, de frÃo!, solo por enterarme de que volvÃa, aunque no fuese sino un instante más pronto, y por verle lo antes posible Me ponÃa loca de contento cuando me acariciaba un poco, en tanto que sufrÃa con frecuencia, por ser tan obstinadamente frÃa para mi madre. HabÃa momentos en que me sentÃa oprimida de angustia y lástima contemplándola. En sus eternas querellas, no podÃa mostrarme indiferente, y teniendo que decidirme por cualquiera de los dos, me decidÃa por el pobre semiloco, sin más causa que la de haber impresionado a fondo mi imaginación.