Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Por aquel entonces todo Petersburgo se conmovió súbitamente ante una gran noticia: se anunciaba la llegada del célebre S… Cuantos pertenecían al mundo musical de Petersburgo se pusieron en movimiento. Cantantes, actores, poetas, pintores y aun aquellos que no lo eran y afirmaban con un modesto orgullo no entender la música, obtenían sus localidades. El salón, no podía contener la décima parte de los entusiastas con posibilidad de pagar la entrada, que costaba veinticinco rublos. La reputación europea de S…, su gloria coronada de laureles, la flexibilidad inalterable de su talento y los rumores que corrían de que ya solo de cuando en cuando tomaría el arco para presentarse en público, producían su efecto. En una palabra, la impresión era general y profunda.
Ya he dicho en otro lugar que la llegada de todo nuevo violinista, de toda celebridad, causaba en mi padrastro la impresión más desagradable. Siempre se apresuraba a escuchar al artista para formar su juicio acerca del talento del individuo. Le ocurría con frecuencia ponerse enfermo al escuchar las alabanzas que se dirigían al recién llegado, y no se tranquilizaba hasta descubrir los defectos del violinista y exponer con una ironía amarga su opinión en todas partes donde le fuese posible. ¡Pobre loco! No reconocía en el mundo sino un único talento, un solo artista, y naturalmente, este artista era él…