Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Todos los presentes estallaron en una carcajada. El desdichado se consideró ofendido; pero, conteniéndose, añadió que él no decÃa nada, que ya se verÃa, que al dÃa siguiente llegarÃa S…, y que bien pronto se descubrirÃan todos los milagros.
B… me ha referido que aquel mismo dÃa, antes de anochecer, encontró al PrÃncipe X…, diletante muy conocido, que amaba y comprendÃa profundamente el arte. Caminaban juntos y hablaban del artista recién llegado, cuando de pronto, al volver una esquina, B… distinguió a mi padre parado delante del escaparate de un almacén, donde examinaba con atención un programa, en el cual, con gruesos caracteres, se anunciaba el concierto de S…
—¿Ve usted a ese hombre? —preguntó B…, señalando a mi padre.
—¿Quién es? —interrogó el PrÃncipe.
—Ha oÃdo usted aludir a él. Es Efimov, de quien le he hablado varias veces, y a quien usted mismo ha concedido en distintas ocasiones su protección.
—¡Ah!, es curioso —exclamó el PrÃncipe—. Me ha hablado usted mucho de él. Dicen que es muy divertido… Quisiera oÃrle tocar…