De Paris a Cadiz

De Paris a Cadiz

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y llegó hasta nosotros, jadeante, agotado, a punto de derrumbarse de cansancio, apoyando, para sostenerse, una de sus manos sobre el hombro de Achard, y la otra sobre el cuello de mi mula.

—¿Qué sucede? —repetimos. Pero nuestro pobre amigo había hecho tal esfuerzo para alcanzarnos, que ya no podía hablar. Finalmente, al cabo de un instante, dijo:

—Sucede que el coche ha volcado.

—¿Dónde?

—En un precipicio.

—¡Dios mío!, ¿nadie herido, espero?

—No, por milagro.

Un movimiento de egoísmo pasó por mi corazón: miré a mi alrededor para ver si Alexandre estaba allí.

—¿Es eso todo? —pregunté; porque otro pensamiento se presentó súbitamente en mi mente.

—Justamente —respondió Giraud—, temo que eso no sea todo; por eso corrí tras ustedes.

—Entonces, monta en mi mula y yo iré a pie —dijo Alexandre.

—De ningún modo, me enfriaría.

—¡En marcha, en marcha! —dije.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker