El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Entraron los jurados y, como se esperaba, el presidente pronunció la condena de los dos acusados, que salieron con paso firme: todo el mundo moría bien en esta época.
La voz del ujier resonó lúgubre y siniestra.
—El ciudadano acusador público contra la ciudadana Geneviève Dixmer.
Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Maurice, y un sudor húmedo perló su rostro.
Se abrió la puertecilla por la que entraban los acusados y apareció Geneviève. Iba vestida de blanco, y sus cabellos estaban arreglados con una encantadora coquetería. Sin duda, la pobre Geneviève quería aparecer bella hasta el último momento.
Maurice vio a Geneviève y sintió que le faltaban todas las fuerzas que había reunido para esta ocasión; sin embargo, esperaba este golpe, pues desde hacía doce días no había faltado a ninguna sesión.
Al ver aparecer a la mujer, el público gritó: unos de furor, otros de admiración, algunos de piedad. Sin duda, Geneviève reconoció una voz entre todas, porque se volvió hacia Maurice, mientras el presidente hojeaba el dossier de la acusada.