El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —¿SabÃa usted que ella conspiraba para liberar a la reina?
—¿Cómo quiere que lo supiera?
—Ella se lo podÃa haber confiado. Se le ha visto alguna vez con ella. ¿SabÃa que era una aristócrata?
—La conocÃa como la esposa de un curtidor.
—Su marido no ejercÃa el oficio bajo el que se ocultaba. Háblenos de él.
—¡Con mucho gusto!… Es un villano, que ha sacrificado a su propia mujer para satisfacer sus odios personales. ¡Puah! Para mà está tan bajo como Simon.
Fouquier le pidió que fuera más explÃcito, pero Lorin manifestó que ya habÃa dicho cuanto sabÃa.
—Ciudadano Lorin, es tu deber aclarar los hechos al tribunal.
—Que se aclare con lo que acabo de decir. En cuanto a esta pobre mujer, no ha hecho más que obedecer a la violencia. Miradla, ¿tiene aspecto de conspiradora? Se la ha obligado a hacerlo, eso es todo.
—¿Tú crees?
—Estoy seguro.
—En nombre de la ley, pido que el testigo Lorin sea llevado ante el tribunal, acusado de complicidad con esta mujer —dijo Fouquier.
—Ciudadano acusador —exclamó Simon—, acabas de salvar a la patria.